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| * Marinero de tierra firme |
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| miércoles, 03 de septiembre de 2008 | |
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Por Alfredo Valle Riestra Ponce de León
Lo “ancló” frente a su increíble casa de “Isla Negra”, y el menudo botecito, donde se sentaba a disfrutar del vino y la conversación de amigos, nunca tocaría las aguas, desde cuando lo adquirió, pues, él decía ser un marinero de tierra firme. ![]() El autor de la nota, Alfredo Valle Riestra Ponce de León, en Isla Negra, donde vivió Pablo Neruda.
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Ricardo Reyes Basoalto, su primer nombre legal, o como el mundo
recuerda al Premio Nóbel de Literatura 1971, me refiero a Pablo Neruda.
Su residencia-museo refleja en cada ambiente y rincón, conservados como los dejó, su ingenio y capacidad para producir belleza, hasta de un pedazo de madera, encontrado en la playa y convertido en el escritorio donde podría haber escrito “Las piedras del Cielo” y quizá parte de sus memorias “Confieso que he Vivido”. Para el autor de éstas líneas resultó sobrecogedora la visita, desde el saloncito de piedras toscas y su chimenea, ornamentado y vaya ocurrencia, con mascarones de antiguos barcos, corredores de techos y estrechas puertas de madera, simulando las de embarcaciones. Sus bellas colecciones de copas, porcelana, jarrones, artesanía, mariposas y caracoles traídos de todas partes, o sus atemorizantes máscaras africanas, siempre dispuestas con el mejor buen gusto, fruto de la fulgurante imaginación de quien se situó entre las máximas expresiones de la poética castellana. Es un continuo estallido de formas y colores, el cual, para quien se ha deleitado, cuando joven, en “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (un millón de ejemplares), es imposible, no asociar al pensamiento del vate de varias generaciones. De la triada museográfica, “La Sebastiana” en Valparaíso y “La Chascana” de Santiago de Chile, me parece es la Casa de Isla Negra, la de mejor engarce al espíritu del personaje, indomable como el de las olas al romper sobre sus acantilados. Cuando partí de Valparaíso hacia la Isla Negra, el ómnibus debió surcar alguna dilatada niebla litoral hasta la saliente donde residió el autor de “Crepusculario” y “Estravagario”. Neruda con su gorra es emblemático y luego de mirar hasta el traje lucido cuando recibió el Nóbel y diversos atuendos, pasamos de las habitaciones de la casa a la tienda de recuerdos para “gringos”, donde apenas pudimos comprar unas postales, no obstante, a poca distancia se dispone de varios quioscos de venta de objetos sobre el poeta inmortal. Nacido en la localidad de Parral, Chile, hijo de un trabajador ferroviario y una educadora, escribió desde sus años escolares y a los diecinueve de edad, publicó su primer libro, en 1923: “Crepusculario”. Le siguen “Residencia en la tierra”, de un intenso dramatismo, “Tercera residencia”, “Canto general”, “Cien sonetos de amor”, “Memorial de Isla Negra” y “La espada encendida”, en su fecunda producción. Su vida deambuló también en el servicio diplomático, en varios países asiáticos y hemisféricos. Senador entre 1945 y 1948, propuesto como candidato a la presidencia chilena, declinó en favor de Salvador Allende. Don Pablo, estando como embajador en Francia, enferma y retornará a su tierra. En 1973 deja en tinta fresca, su póstuma confesión de haber vivido y en la América Latina, la gigante trascendencia de su alma. |
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