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Cuando una persona tiene la
dignidad formada sobre bases sólidas, la defiende a costa de cualquier
situación o circunstancia. La dignidad, el prestigio, se cultivan con el
tiempo, con el conocimiento y pasan a ser parte de uno mismo, más aún cuando se
trata de política porque causamos un reflejo a la sociedad. Si yo mismo no hago
respetar mi derecho a conservar mi dignidad, mi prestigio, mi libertad y dejo
que la pisoteen, ¿Podré exigir algo a quienes pretendo representar y servir de
ejemplo de respeto?
La labor que realiza una
autoridad puede reconocerse o no. Depende del “cristal” con que se le evalúe.
Un gobierno local, regional o nacional podrá ser calificado con veracidad o con
mezquindad. Para unos se hará muy poco, para unos cuantos se ha hecho bastante
y para otros no se ha hecho nada. Eso lo vemos en el día a día, en casi todos
los medios de comunicación. Se podría decir que estos análisis tienen grados de
subjetividad.
Lo que no debería ser subjetivo
es el respeto que uno mismo se debe tener, porque es algo personal, individual,
allí no cabe duda, allí no cabe decir: “ah, si pues, es que me sugirieron hacer
tal cosa”. Los hilos de nuestra libertad, nuestro prestigio o nuestra dignidad
la manejamos cada uno de nosotros, porque si permitiéramos que sean manejados
por otros nos convertiríamos en una suerte de marionetas del poder.
Si, un amigo, compañero de
trabajo o dirigente político, por pretender limpiarse las manos, echa la culpa
de algo a otra persona sin respetar su derecho de ciudadano, sin importarle si
atenta contra su prestigio, si lo inculpa de algo que podría ser objeto hasta
de denuncia penal, de fraguar documentos, de burlarse de acuerdos con alguien
¿Es que se siente dueño de los destinos de las personas que están a su alrededor
y dependen de el? Y, para colmo después se ríe y dice: “es que fue un chiste”. ¿Quién le da el
derecho a pisotear la dignidad de una persona? ¿Qué hacer ante esta
persona que no respeta nada? ¿Lo desautorizo, lo denuncio? ¿Lo agarro a patadas? o ¿Mejor me quedo calladito y
disimulo para no tener problemas con mi “jefe” y quedarme sin trabajo y sin
cargo? ¿Que
hago? Claro, esto está determinado por nuestra propia
libertad. Esa misma que nos permite aceptar, hacer o rechazar algo o no. Allí
depende de mi propio yo, individual, personal, del valor que tenga hacia mi
mismo, del respeto que tenga a mis propios valores.
No quiere decir que dejemos a
los que dejan mal parados a quien deposita su confianza al otorgarle un cargo
para llevar el manejo, el prestigio de una institución que le da hasta la
oportunidad de llevarse un sueldo y asegurar el pan de su familia. También hacen quedar
mal. Pero, una cosa es el desprestigio de mi dignidad
personal, la falta de respeto hacia mi individualidad, y lo otro que es una falta
hacia mi imagen, indirecta, más impersonal. Entonces, ya tiene para escoger, depende
nomás de su valoración personal de la dignidad.
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