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Por Susana Alzadora Licenciada en Derecho
Más de doscientos años han pasado desde que se diera la Revolución Francesa, considerada como el grito inicial por la libertad y la igualdad de cada persona. Hoy, después de tanto tiempo, estamos enfrentando un nuevo reto de defensa de los Derechos del Hombre frente al progreso extraordinario de la ciencia. Por primera vez en la historia ya existe el poder de intervenir en el diseño mismo de la vida. Sin embargo, ante los ojos del público la ciencia está bajo acusación debido a su uso no controlado; lo que ha generado serias inquietudes y a menudo graves amenazas para la propia especie humana.
Entre los pocos avances en el desarrollo científico de la humanidad, y que han provocado una revolución, son los producidos en la genética. Desde fines del siglo XIX en que Gregorio Mendel realizara sus primeras formulaciones en el estudio del material genético, las investigaciones básica y aplicada discurrieron por carriles similares a los de otras ramas científicas, pero con la aparición de la Biotecnología, la genética comienza a registrar un explosivo desarrollo. Novedades como la inseminación artificial, fecundación in vitro, la congelación de los embriones, la selección del sexo del embrión, el anonimato en la donación de gametos, el diagnóstico fetal, la manipulación de los genes, etc. influyen en la evolución de la existencia humana y por ende en sus derechos fundamentales ya que éstos pueden ser objeto de vulneración. En la actualidad y con la llegada del tercer milenio hemos tenido la oportunidad de presenciar uno de los anuncios en el ámbito científico-tecnológico más importante en el estudio de la humanidad: el PROYECTO GENOMA HUMANO (PGH). El estudio del genoma humano y de sus potenciales aplicaciones, trae grandes beneficios pero también una gran incertidumbre ante los posibles excesos, ya que en toda gran transformación en que la humanidad ha sido parte y más aún cuando de la existencia del hombre se trata, estas transformaciones han puesto en controversia las variadas concepciones, prácticas e instituciones de larga data dentro de las distintas esferas del quehacer humano. Por su parte el Derecho con el fin de no quedarse al margen de toda esta transformación va cambiando para normar las nuevas situaciones y relaciones que va surgiendo como consecuencia de la llamada Revolución Genética aplicada en Humanos. Pese a la enorme trascendencia que representa esta gran revolución para el ser humano, en países como el nuestro no se percibe con claridad las consecuencias que puede generar. Testimonios (extraído de la obra denominada “Huérfanos Biológicos”de Vila-Coro Barrachina) como la de Margaret Brow quien fuera hija de un donante anónimo y quien dice sentir la necesidad de saber de quien es hija y que esto se ha convertido en su pesadilla, porque nunca sabrá la mitad de su identidad , hiciera que me interrogara si es que derechos tan fundamentales y que se creían estáticos o completamente definidos como: el derecho a la vida, a la integridad, el derecho a la identidad y a la igualdad son –como consecuencia de esta gran revolución genética- susceptibles de ser afectados , violentados o limitados en aras del progreso de la ciencia. Todo el extraordinario avance en la GENETICA HUMANA permite también, preguntarnos con gran inquietud ¿Podremos alterar nuestros genes? ¿Nos duplicaremos? ¿Se creara órganos para transplantes? ¿Los científicos se atreverán a programar la inmortalidad? y finalmente ¿Nuestro país es ajeno a estas prácticas genéticas? o por el contrario ¿Se realiza este tipo de prácticas sin que exista un marco legal que las regule de forma específica?Cabe indicar que no se plantea la posibilidad de frenar el progreso de la ciencia, pero considero que debe regularse de manera que otorgue una debida protección a nuestros derechos fundamentales. El avance tecnológico en materia de genética humana crece vertiginosamente y complicándose aún más a medida que avance y lamentablemente en nuestro medio incluso a nivel Latinoamericano esta tecnología ha superado las posibilidades reguladoras del Derecho quien ahora actúa como un simple observador. El silencio legislativo no es bueno puesto que el conocimiento científico impacta la vida humana de forma rápida y en distintos ámbitos, su regulación obligaría a usar el conocimiento de manera responsable y a señalar los límites para prácticas que representan aún todavía riesgos muy elevados y que abrirían posibilidades que podrían ser puestos al servicio no del Hombre sino de un poder o una ideología. |